Álvaro giró en su mano la copa de vino tinto que sostenía. El líquido escarlata se agitaba contra las paredes del cristal, evocando la imagen de sangre fresca.
—Todos están aquí con el corazón en un puño, muertos de miedo, mientras tú te comportas como si nada pasara. ¿No crees que eso te pone un poco fuera de lugar? —preguntó él, con aparente indiferencia.
Leandro miró de reojo a los amigos de Álvaro, que se encontraban dispersos por el rancho.
Casi todos sus viejos conocidos habían sido convoc