Gabriela lo miró un instante… y de pronto le tomó la mano.
Álvaro sintió que el corazón se le aceleraba, convencido de que, por fin, la relación con ella comenzaba a relajarse.
Sin embargo, justo después, Gabriela depositó en su mano el resto de las uvas que quedaban en el tazón, dio media vuelta y se alejó, dejando de prestar atención a las noticias.
—Espera… —murmuró Álvaro, sujetándole la mano—. Si quieres seguir viendo o comiendo, no te molesto. Puedo ir al comedor, ¿vale?
Su voz mostraba un