Era la segunda vez que Álvaro la veía tan abatida. En comparación con la vez anterior en el hospital, ahora percibía algo más profundo, una combinación de angustia y dolor.
Álvaro posó con cuidado su mano grande en las mejillas de Gabriela, limpiándole las lágrimas que caían:
—Perdóname, Gabriela.
Una intensa culpa se reflejaba en sus ojos, deseando poder viajar al pasado para enmendar sus errores… para no haber permitido que ella sufriera tantas injusticias.
—Me perdonas, por favor —murmuró Álv