Al salir del centro comercial, Cintia lucía distraída, y Gabriela lo notó, permitiéndole que la sujetara de la mano sin darse cuenta.
—Me duele un poco la cabeza… mejor aquí la dejamos. Todavía faltan varios días para el Año Nuevo, mañana podemos volver a comprar lo que nos falta, ¿sí? —dijo Cintia, abatida, después de quedarse un rato en silencio dentro del auto.
Por supuesto, Álvaro estaba pendiente de lo que decidiera Gabriela.
Desde que había subido al coche, ella no le había dedicado ni una