Entregaría todo sin pelear: su nombre, la fortuna que él mismo había transferido a su nombre. Todo, con tal de librarse de él.
Durante todo el tiempo que Álvaro la había perseguido, la rabia lo consumía. Quería estrangularla por su frialdad.
Pero el miedo a perderla, al verla casi ahogarse, había borrado todo rencor.
—Sí —Gabriela no se molestó en dar más explicaciones.
—¿Tienes miedo de que me vengue? —preguntó Álvaro.
En el fondo, él lo entendía. Su reputación era la de un hombre despiadado.
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