—¡Julio, no la insultes así! ¡No la conoces! Ella no es así, ¿entiendes? Lo hizo para darnos a nosotros en Leeds un respiro y la oportunidad de contraatacar —Cristóbal, que siempre había respetado muchísimo a su hermano, por primera vez se atrevía a alzar la voz de esa manera.
Julio lo miró como si fuera un total imbécil, rodó los ojos y, sin ganas de perder más tiempo, se alejó haciendo llamadas para coordinar la estrategia mediática.
Cristóbal revisó las noticias en su teléfono, luego miró de