Rosalina se quedó en silencio, sorprendida.
Habían pasado más de veinte años desde la muerte de aquella mujer.
Sin importar cuán poderosa o influyente hubiera sido en su tiempo, ahora era solo un recuerdo que casi nadie mencionaba.
—Vive bien, Gabriela —respondió Rosalina al fin, mirando de nuevo por la ventana. Tras un momento, añadió con franqueza—: Las malditas familias ricas son el cementerio de demasiadas mujeres. Si puedes huir, hazlo.
***
Cuando Álvaro salió del hospital, vio de lejos a J