La niña, inmóvil, dejó que Colomba la vistiera sin oponer resistencia, con la mirada perdida.
—Eres una tonta —murmuró Remy, molesto.
Colomba lo agarró de un brazo y lo atrajo hacia ella de golpe.
—Remy, ¿tienes miedo de morir? —le preguntó, con el rostro pálido y una mirada seria.
Remy tembló y asintió rápidamente.
—Sí, mamá, tengo miedo. ¡Soy pequeño todavía, no quiero morir!
Colomba lo miró fijamente y le dio una instrucción clara:
—Entonces escucha bien. Esta niña es tu hermana. Pase lo que