Remy tardó unos segundos en procesar lo que leía. El dolor era tan intenso que sus pensamientos estaban desordenados.
De pronto, abrió los ojos de par en par, mirando a Gabriela con incredulidad.
—¡Eras tú! —exclamó, horrorizado—. ¡La niña que mi mamá sacó del montón de hierba!
Soren, que estaba parado ligeramente detrás de Gabriela, no pudo ver lo que decía esa página del cuaderno.
Pero al escuchar las palabras de Remy, su rostro cambió. Sus ojos se llenaron de cautela mientras miraba a Gabriel