¿Y Remy? Ese parásito…
¿De verdad tenía el descaro de compararse con Emiliano?
Gabriela agarró la barra de metal que se usaba para ajustar la cama del hospital y, sin dudarlo, le dio a Remy un golpe contundente.
Aún no había terminado de interrogarlo.
No podía golpearle la cabeza; podría causarle un daño irreversible.
Así que le dio en el brazo.
El grito de Remy fue desgarrador, como el de un cerdo en el matadero.
—¡Auxilio! ¡Por favor, ayúdenme!
El brazo donde recibió el golpe colgaba inerte, c