—No importa —respondió Álvaro con la misma serenidad.
Era como si, tras una tormenta que lo hubiera arrasado todo, él finalmente se hubiese rendido, aceptando las ruinas que quedaron de su propia resistencia.
—Noelia, no hay vuelta atrás. Ella ya es una parte de mí. No puedo, ni quiero, desprenderme de Gabriela.
—¡Pero ella ya no te quiere! —Noelia lloraba, desesperada, tratando de aferrarse a cualquier palabra que lo hiciera reaccionar—. ¡Te ha humillado, Álvaro! Tú rompiste tus promesas por el