Noelia había apostado todo por ese bebé, confiando en que ganaría.
Pero ahora, sentía un pánico profundo, un miedo desesperado que la dejaba completamente desorientada.
Álvaro, al parecer, ya había dicho todo lo que tenía que decir y se dio la vuelta para irse.
Noelia trató de levantarse para seguirlo, pero su cuerpo aún estaba débil, y terminó cayendo al suelo, con una torpeza que solo intensificó su miseria.
—¡Alvi! ¡Sé que cometí un error! ¡Seré obediente, de verdad! ¡No me dejes!
Álvaro, que