Al levantarse y mirar hacia la puerta, se quedó perpleja al ver quién entraba.
—Señorita García, nos volvemos a encontrar —dijo el hombre que había visto en la cafetería, ahora vestido con una bata blanca y gafas de montura dorada, lo que acentuaba su aspecto refinado y profesional.
Tras superar la sorpresa inicial, Gabriela sonrió:
“Doctor Zambrano, qué coincidencia.”
Cristóbal colocó el libro que traía en un espacio vacío del estante, moviéndose con la naturalidad de quien se reencuentra con u