La nieve acumulada a los lados de la carretera comenzaba a derretirse bajo el cálido sol de la mañana. Cuando Gabriela llegó al edificio donde se encontraba la consulta del psicólogo, aún faltaban veinte minutos para su cita. Decidió entrar en una cafetería cercana, elegante y acogedora. Pidió un espresso para llevar y se acomodó en un rincón.
Sacó el sobre con los documentos que Álvaro le había dado y los revisó brevemente. Sabía que él le ofrecería una compensación por haberle salvado la vida,