—¿Dónde está Gabriela? —preguntó Oliver, con el ceño fruncido.
Álvaro negó con la cabeza.
—No lo sé.
—¿Qué demonios está pasando aquí? —Carmen entrecerró los ojos, molesta—. Álvaro, se puede hablar de cualquier cosa, pero hay algo que dejaré claro: no permitiré que nadie le haga daño a Gabriela. No importa si ella tuvo o no algo que ver con esto. ¿Entendiste?
—Lo entiendo —respondió Álvaro, sin emoción alguna en la voz.
Carmen, al verlo en ese estado, no pudo evitar sentir compasión. Levantó la