¡Parecía que quería devorarla, engullirla por completo!
Solo cuando escuchó un leve sonido de ella, un suspiro, algo dentro de él se calmó, como si un vacío en su corazón fuera lentamente llenado.
Pasó un largo rato, hasta que sonó el teléfono en la mesa de noche.
Álvaro miró con desdén hacia el aparato, luego soltó a Gabriela, activó el altavoz y contestó.
—Señor Saavedra, la sala de reuniones está lista, y además, Alicia ya llegó.
La secretaria lo dijo con respeto.
—Está bien, que pase.
Álvaro