84. ATRAPADA SIN REMEDIO

Alessandro se gira a mirarme por unos segundos. Puedo ver que está disfrutando de todo. ¡Condenado hombre! Sabe que no puedo protestar ni decir nada delante de mamá, y se aprovecha.  

—Mi esposa se quedará en otra casa y me acompañará a todas partes cuando sea necesario; yo iré a visitarla, señora. No se preocupe, señora Libia, ya le dije que mi señora es de lo más comprensiva —repite, mirá
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