7. EL CONTRATO
Sentí la mirada de Andy clavada en mí, con una desconfianza que le hacía fruncir el ceño y entreabrir los labios, como si tuviera una pregunta atrapada en la garganta. Miraba a Minetti y luego a mí, con una mueca de extrañeza que se profundizaba con cada segundo que me observaba.
—¿Estás bien, Lili? —preguntó con seriedad—. Acabas de decir su nombre y te estás comportando algo extraño.
—¿Extraño? ¿Por qué dices eso? ¡Yo estoy bien, no conozco a nadie! ¡Déjame tranquila, solo estoy preocupad