62. LA CONFESIÓN
Por primera vez, desde que recuerdo, Luci guardó silencio al escucharme, como si no entendiera lo que había dicho. Me miró, completamente inmóvil, como si esperara que soltara una risotada y terminara confesando que todo era una broma absurda. Pero mi llanto silencioso y la aflicción en mi rostro confirmaban lo que había dicho.
—¡¿Qué?! ¿Te casaste con ese elegante tipo, que se ve que está forrado en plata, Lili? —preguntó finalmente, con incredulidad. Y para mi sorpresa, exclamó—: ¡Felicidad