535. LA MUERTE DE EIRA
LILIAN:
Para sorpresa de todos, mi reacción fue fulminante. Con furia, la pateé y la golpeé sin descanso.
—Lili…, estoy bien, cariño… Lili… —me llamó Alessandro, tratando de que me calmara—. Detente, amor.
Pero sigo golpeándola. Estoy cegada por el dolor al ver cómo Eira le enterró una espada a mi amor, que vino en mi ayuda. Lo miro, teñido de sangre, y veo la sonrisa de la chica, que se prepara para atacarme de nuevo. Sin pensarlo dos veces, le quito la espada de su mano a Ale. Realizo un