490. CONTINUACIÓN
ALESSANDRO:
Es cuando me percato de que llora en silencio, sin quejarse, aguantando todo, estremeciéndose, sangrando por sus labios de tanto morderlos. Su cuerpo tiembla incontrolablemente. Tiene los ojos apretados con fuerza mientras respira grueso, tratando de no dejar escapar el grito que quiere salir de su garganta. Su pecho sube y baja agitado; sus piernas parecen no poder sostenerla, se le doblan quedando colgada por sus brazos. Sé que se me fue la mano, pero no pediré disculpas por ello.