435. YA LO PERDONÉ
LILIAN:
Me detengo en seco y lo miro fijamente. El sol de la tarde cae sobre nosotros como miel dorada, y el viento que viene del mar nos despeja el cabello. Migue tiene razón, lo sé. Pero mi orgullo está tan herido que no puedo simplemente olvidar lo que pasó.
—No es tan simple, Migue —suspiro, limpiándome el sudor de la frente—. Me sentía vigilada, Migue. Esa traidora de Luci me las va a pagar. Por eso hice esto, y como ya venimos regresando, mejor tomarlos por sorpresa. He pensado dejar q