374. EN MEDIO DEL DESEO
ALESSANDRO:
Ya me he despojado de mi camisa, mientras sonrío con suficiencia, de esas que tanto me caracterizan, y me acerco despacio hacia ella. Con una seguridad que parecía indestructible. Aun así, mi Lili se ve nerviosa. ¿Son los celos? Tal vez. ¿O solo la sensación de que está metida en este mundo tan peligroso del que no va a salir ilesa?
—¡Jamás, amor! —me apresuré a decirle. —Tú eres la única que hace vibrar mi cuerpo, incluso con los ojos cerrados. No te preocupes, concéntrate en nue