375. EL ATAQUE A LA CASA
MINETTI:
Miré a Lilian con su pelo sudado pegado a su rostro, con los ojos verdes iluminados, llenos de decisión y un atisbo de miedo. Le pedí de inmediato que se quedara aquí; cuando terminara en mi casa, vendría por ella. Señalé a Libia y a Luci, que se asomaban asustadas abrazadas de Damián, quien tenía un arma en sus manos y trataba de cubrirlas con su cuerpo. Lo miro asombrado de verlo de pie, firmemente. Inclino la cabeza, saludándolo; él me responde de la misma manera.
—Iré a ver qué pas