Mundo ficciónIniciar sesiónUna carcajada suave pero cargada de complicidad escapa de los labios de Gin; ya entre ellos se estableció de manera inmediata un puente de entendimiento. Migueliña, por su parte, le dedica una sonrisa encantadora mientras juguetea con su abanico. Estábamos aquí para cumplir con un encargo que, si no se manejaba con cuidado, podría costarnos mucho más que un mal rato.
—Bueno, Gina… perdón, Gin —pronuncio el n





