34. TENEMOS QUE ESCAPAR

 Tomé aire, sabiendo que lo que me decía era cierto. Metí los hombros hacia atrás, tratando de hacer lo que me pedían. Caminé más lento, pero un poco más segura. Esta vez no miré hacia abajo, sino que fijé la vista al frente, donde me indicaban, sabiendo que nadie tenía derecho a cuestionar mi lugar en este momento, excepto mi novio y yo. Gin asintió, satisfecho al ver que no me tambaleaba.

—Pe
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