Mundo ficciónIniciar sesiónMe levanto temprano y casi salgo corriendo para el apartamento de Migueliño. Él vive encima de su mercado. Puedo darme cuenta de que un auto me sigue, pero no me asusto. De a poco he empezado a distinguir y conocer a los hombres del señor Minetti; al menos no andan en un auto negro esta vez.
—Hola, Migue. Disculpa que te despierte tan temprano —le digo en cuanto entro corriendo en su tienda. —¿Qué dices, niña?






