Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl almuerzo con los accionistas se hizo interminable. No pudimos movernos en toda la tarde del restaurante. Discutían una y otra vez lo mismo, y todos esperaban que fuera Minetti quien decidiera en quién iba a invertir. Él me hacía preguntas en voz baja, yo lo ayudaba a entender otras tantas y, para cuando nos dimos cuenta, eran las seis de la tarde. Nos despedimos y regresamos a casa después de recoger las conferencias grabadas.
—Disculpa,






