142. ERES UN COBARDE
Minetti se endereza de golpe, soltándose de mi agarre. Se quedó mirándome fijamente mientras no lo soltaba. Un destello breve de incertidumbre se asomó en su mirada, pero enseguida vuelve a ser el hombre frío, infranqueable, que domina cada rincón del universo donde pisa.
—¿Qué dijiste, Lili? ¿Te acuerdas de si lo hicimos de verdad? —preguntó de pronto sin dejar de mirarme, interrogante.
—¡No me acuerdo! —exclamo tirando de él—. ¡Pero estaba desnuda en la cama y tú también! ¡Hip! ¿Qué más p