Al otro día, Benjamin le envió la ubicación donde podría encontrarse con Nueve. Era un lugar discreto, perfecto para una reunión que debía mantenerse en secreto.
A pesar de que Olivia planeaba ir sola, no pudo evitar contarle sus planes a Yandel. Él, acostumbrado a la templanza de su jefa, sintió un mal presentimiento apenas la escuchó. Su preocupación se reflejó en su rostro, pero sabía que, una vez Olivia tomaba una decisión, nada ni nadie podía hacerla cambiar de opinión.
—Tenga mucho cuidado, jefa —dijo, casi como una súplica.
Olivia le dedicó una pequeña sonrisa, una que apenas ocultaba la tormenta que llevaba dentro.
—Lo tendré —prometió.
Sin embargo, Yandel no pudo quedarse tranquilo y, arriesgándose a su molestia, lanzó la pregunta que lo carcomía por dentro.
—¿Por qué necesita ver a Nueve personalmente? ¿No sería más seguro que lo hiciera Benjamin?
Olivia lo miró de frente, sin dudar.
—Si Nueve es tan cercano a Rey como creo, es la única forma de atraerlo. Rey no se resistirá