—Vamos. Vamos.—
El puente de trescientos pies se construyó a lo largo de una pendiente. Aunque Olivia caminaba cuesta abajo, no se sintió incómoda ya que se instaló un sistema de ventilación adecuado a lo largo del pasaje.
Cuando llegó al final del puente, tecleó la contraseña que Maia había dejado y logró acceder al otro lado del espacio cerrado.
Olivia no podía creer lo que veía cuando entró en el reino que tenía delante.
La cámara subterránea no se parecía en nada a un palacio. Al contrario,