Por otro lado, Max tomó la mano de Olivia y la sacó de la casa encantada.
Olivia pronunció: —Max, estás pensando en...—
—Los niños están siendo atendidos. No te preocupes por ellos. —Max apretó su agarre, y su mirada exudaba confianza. —De ahora en adelante, me perteneces...—
—Pero… Mmm…—
Olivia levantó los labios y quiso decir algo, pero Max la besó rápidamente. Como consecuencia, Olivia no pudo terminar su frase.
El beso fue por un breve momento pero fue dominante e intenso.
Olivia estaba estupefacta. Sin embargo, no pudo contener la lujuria y la emoción en sus ojos.
—Max, ¿qué estás tratando de hacer?—
—Lo he dicho. Ahora me perteneces. —Max tocó suavemente sus labios. Su mirada misteriosa era desconcertante. —Si hablas de otra persona, te besaré de inmediato. Me aseguraré de que no tengas la oportunidad de hablar—.
Los labios de Olivia eran suaves y tiernos, y Max no se cansaba de ella. De hecho, disfrutó del supuesto castigo.
Olivia murmuró: —¿Qué pasa si los niños se enteran...—