Al principio, la multitud no podía ver cuál era el regalo, pero ahora estaba claro para que todos lo vieran.
El salón estaba tan silencioso que uno podría haber oído caer un alfiler.
Nadie se atrevió a decir nada, y algunas personas incluso contuvieron la respiración.
Había un gato negro muerto y ensangrentado en la alfombra.
El gato negro parecía haber sufrido una muerte dolorosa y agonizante hace algún tiempo.
Sus ojos negros estaban muy abiertos y congelados en una mirada feroz, y sus pupila