RUBI MONTENEGRO
Manejar de regreso a la mansión Beckett nunca fue algo placentero, pero esa noche, sentía que me dirigía a la horca. La pelea con mi familia y la confusión de sentimientos que Domenico despertó en mí formaban un nudo en mi garganta.
La "casi colisión" de nuestros labios no salía de mi cabeza.
Estacioné el auto y respiré hondo, armándome de valor. Solo quería un baño caliente, una pastilla para el dolor de cabeza y mi cama. Esperaba encontrar la casa silenciosa, con Ares encerrad