30 - Sembraste desprecio. No esperes cosechar amor
ARES BECKETT
En cuanto los pasos de Rubi desaparecieron en el pasillo de arriba, mi paciencia se esfumó junto con ella.
Con un grito de frustración atrapado en la garganta, pateé la silla donde ella estaba sentada segundos atrás. La madera fina raspó el piso con un chirrido y la silla se volcó. Tomé su copa y la arrojé contra la pared, descargando mi odio.
— ¡Maldita! — gruñí, pasándome las manos por el cabello y jalándome los mechones con fuerza.
Miré la mesa puesta. Las velas aún ardían, burl