ARES BECKETT
Estaba en mi oficina, mirando la vista de la ciudad. En este momento debería tener toda mi atención enfocada en el trabajo, pero mi mente seguía llevándome hacia mi esposa.
La imagen de Rubi, desafiante y hermosa, no salía de mi cabeza. Y la imagen de ella al lado de Domenico Bane me daba ganas de romper el cristal de la ventana con mis propias manos.
Sonó el intercomunicador, interrumpiendo mi adoración y furia al mismo tiempo.
— Señor Beckett, la señora Leonora Montenegro está en