RUBI MONTENEGRO
Giré el rostro despacio para mirar a mi padre. Estaba jadeando, con la mano aún levantada, temblando. Había sorpresa y satisfacción en su mirada. ¿Creía que esa bofetada me pondría en mi lugar? ¿Creía que la violencia física traería de vuelta a la Rubi sumisa?
Pero estaba equivocado. Esa bofetada solo quemó el último puente que quedaba entre nosotros.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero no derramé ninguna. No le daría el gusto de verme llorar de dolor.
— Me pegaste... — susur