ARES BECKETT
La jalé hacia mí y tomé sus labios en un beso feroz y hambriento.
Su sabor era mi nuevo vicio. Mis manos apretaron su cintura, sintiendo el calor de su piel bajo mi camiseta, antes de apartarme bruscamente. Sin quitar mis ojos de los suyos, estiré el brazo y, con un solo movimiento de barrido, empujé las bolas de billar que quedaban sobre la mesa. El fuerte ruido al caer y rodar por el suelo resonó por la sala, despejando nuestro espacio a la perfección.
Sostuve a Rubi por las cade