DOMENICO BANE
El fin de semana había sido una verdadera tortura.
La mañana del sábado, vi a Valentina cruzar las puertas de mi elevador con esa hermosa sonrisa y un gesto de despedida. En el momento, mi ego estaba satisfecho por haber tenido la confirmación de que habría una próxima vez, pero la realidad no tardó mucho en tocar a mi puerta. Ella estaba regresando con su noviecito.
Pasé el resto del sábado y el domingo entero siendo consumido por un mal humor terrible. La idea de que Joshua toca