Cuando entra en la bodega, Alice queda maravillada con la cantidad de barriles que hay allí.
—Esto es extraordinario —dice, caminando con la boca entreabierta, admirándolo todo.
—Aún no has visto nada —responde él.
Richard avanza y comienza a mostrarle las botellas de vino que guarda allí.
—Nunca imaginé que conocería un lugar como este —comenta, admirando las botellas sin atreverse a tocarlas.
En el centro de la bodega hay una mesa de madera, apenas iluminada por una tenue luz. Él lleva a Alic