Su corazón estaba oprimido mientras se levantaba del escritorio, acompañada por Cole, quien enseguida se ofreció a llevarla a casa. Con la voz temblorosa, Alice insistía en saber qué estaba pasando, pero él solo le pedía que mantuviera la calma y tuviera paciencia.
—¿Cómo quieres que me calme si nadie me dice qué está pasando? —grita ella, sintiendo que está al borde de un colapso.
—Oye, si sigues así, vas a terminar desmayándote —advierte Cole, preocupado.
—¡Y si me desmayo, será culpa tuya, p