Mientras sentía todas las miradas curiosas puestas sobre ella, Alice sonríe al darse cuenta de que no podría existir un momento mejor para compartir la gran noticia.
—Ya que todos ustedes vinieron desde tan lejos para vernos, creo que les va a gustar lo que estoy a punto de decir —declara Alice, sintiendo un cosquilleo de nervios en el estómago.
—¡Por el amor de Dios, dilo de una vez y deja de crear tanto suspenso, que nos estás matando! —dice Silvia, sintiendo cómo sus manos empiezan a sudar.