Cuando abrió los ojos por la mañana, Richard se dio cuenta de que Madeline tenía la cabeza apoyada sobre su pecho. Dormía profundamente, como si nada pudiera despertarla. Mientras la observaba, no podía dejar de pensar en el lío en el que se había metido.
Se sentía culpable por la vida que llevaba, porque, aunque no amaba a Madeline, sabía que la estaba engañando.
También pensó en Alice y comprendió que debía evitar quedarse a solas con ella a toda costa, pues también la estaba engañando, deján