El hecho de que Adrian fuera tan cariñoso y atento con ella la dejaba completamente confundida.
—¿Por qué tú no puedes ser así conmigo, Richard? —susurra mientras siente el sabor salado de las lágrimas llegar hasta sus labios.
El sonido de su llanto resuena por toda la enorme y vacía casa, y no puede evitar preguntarse si aquel sufrimiento no era ya un castigo por todas las mentiras que había inventado.
Con una culpa aplastante oprimiéndole el pecho, camina hasta el garaje y toma su coche. No q