Capítulo — La Cena del Alma
El aroma de la comida casero flotaba por toda la mansión.
Las luces del comedor estaban encendidas, y la mesa, impecable: servilletas dobladas, copas limpias, y ese aire de hogar que Victoria había olvidado sentir durante demasiado tiempo.
Clara, desde la cocina, dio la última orden:
—Felipe, llevá el vino, por favor.
—Ya voy, doña Clara —respondió el enfermero con su voz alegre, entrando con dos botellas en la mano—. ¡Y mirá que hoy tenemos invitados de luj