Capítulo 19. Regresaste.
Lo único bueno de los ataques de otras manadas a cualquier territorio, era que les gustaba utilizar sus colmillos y garras. No sabía el motivo de esto, pero suponía que era mucho más personal que las balas, así que no tendría que cuidarme de recibir algún proyectil. Una preocupación menos.
El edificio de la señorita Candice se encontraba a unas buenas dos cuadras largas de distancia; nosotros estábamos a la mitad de la primera cuando un lobo salió de la nada y se dirigió directo hacia mí.
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