Capítulo 20. El Lamento de la Luna.
Sentí como algo se había roto dentro de mi y no era precisamente mi corazón. Quizá era mi cordura.
El dolor de mi tobillo quedó olvidado y mi respiración seguía estable después de cada una de las batallas que libré alrededor de todo el territorio. No sabía qué era lo que veían los lobos de esta manada en mi cara, pero noté que cuando llegaba a interrumpir sus batallas, ellos solo se apartaban.
Giré, esquivé y maté a cada jodido lobo que se atravesó en mi camino.
-Los lobos que acaba de matar,