—Adelante—concedió el sacerdote, mirando a los recién llegados.
Angelo y Mónica también se miraron entre sí, ninguno de los dos se habían dado cuenta de cuando cruzaron las puertas de la iglesia al mismo tiempo. Cada uno iba tan sumido en sus propios pensamientos, en su propio deseo de interrumpir ese matrimonio, que era como si hubiesen sido invisibles entre ellos.
—¿Y bien? ¿Quién iniciará primero?—apremio el hombre.
Angelo, caballeroso, le otorgó la palabra a la mujer, y pues no era simple