Los golpes iban y venía en medio de aquella iglesia, la cual, pareció dejar de ser un lugar sagrado para transformarse en el ring de boxeo de dos hombres que peleaban por el amor de una mujer.
En medio del forcejeo, Angelo se alejó y dirigió su mirada más fulminante a Enrique, con la intención de acorralarlo frente a todos los presentes, al punto de que no le quedará más remedio que decir la verdad, confesar su delito ante todos.
Así que con voz firme y una mezcla de ira y dolor, lanzó su acus