«No había forma de detenerse», pensó Ashley, poseída en medio de aquel momento tan placentero.
El vaivén de Angelo estaba a punto de volverla loca, de hacerla perder la cabeza. Era simplemente exquisito.
—No, basta—murmuró deseando que se apartara, puesto que estaba a tan solo horas de su boda.
El hombre no obedeció y se movió de forma más contundente, más frenética.
—No te casarás, Ashley —repitió.
La mujer gimió más fuertemente y quiso quitarse la ropa, quiso mover sus manos con desespero